Los chepiques es un relato imaginario anclado en sucesos históricos que narra las relaciones entre el pueblo de los chepiques (criaturas acéfalas con el rostro en el pecho), y los habitantes del Río de la Plata y alrededores, desde finales del siglo XV hasta mediados del siglo XX.
En épocas de la conquista de América, no pocas crónicas demostraban la creencia de que estos acéfalos, entre otras razas monstruosas, habitaban las tierras del nuevo mundo. En parte explicación de lo inexplorado y lo desconocido, estas descripciones buscaban también alimentar el temor a lo extranjero, a lo extraño y distinto, justificando la aniquilación y la matanza en los territorios conquistados.
Desde la exploración plástica y narrativa, la ficción recorre las huellas de eventos históricos, curiosidades y registros de diversa índole, nutrida de aquellas señales que han dejado las obras de arte argentino. El libro alterna lenguajes como el enciclopédico, el documental, la parodia, la fábula, la historieta, el dibujo y la pintura. Los acrílicos, los pasteles, las tintas, las acuarelas y los grafitos reproducidos componen un recorrido sustancialmente figurativo, sin dejar de lado las inclinaciones a cierta abstracción que huye de lo descriptivo y pretende evocar lo misterioso y lo incomprensible.

Fragmento del capítulo I:

“En 1496 Enrique VII de Inglaterra envió dos expediciones a tierras desconocidas: la primera al mando de un capitán italiano que arribó a América del Norte; la segunda llegó a América del Sur, dirigida por un corsario escocés. Este último tenía en su poder informes confidenciales de una supuesta raza de gigantes que habitaba el nuevo mundo. Era su cometido principal ratificar la veracidad de esos escritos. El corsario se llamaba Renan Collingwood. Los resultados de su pesquisa jamás llegaron a ojos del rey.

Las notas de Collingwood hacían pensar en un informe compuesto para no defraudar las expectativas del demandante e incluso para justificar el dispendio. Sus descripciones rozaban la fantasía. Sin embargo había datos que coincidían con otras fuentes menos oscuras y reconciliaban la estampa de Renan con la figura del descubridor. Al referirse a los seres hallados en su exploración, usaba una expresión formada por las palabras “Chest” y “Speakers”, que significan “pecho” y “parlantes”. El corsario había dado nombre a seres que hablaban desde el pecho o con el pecho.
En las páginas de “Buch der Natur” (libro de la naturaleza) del alemán Horst von Lüge, se mencionaba a los “Schepiken”, individuos con los ojos a la altura del esternón, la nariz en el centro del tórax y la boca en la parte superior del estómago. El copista español Álvar Falaz de López y el clérigo portugués Pero Calúnia de Souza delineaban en sendas crónicas las particularidades físicas de seres semejantes a los que llamaban “Chepicos” y “Chepichi” respectivamente. En las cartas del comerciante Jacques Mensonge a su querida, famosas por presumir de su contenido erótico, se declaraban experiencias con las gentes del pueblo llamado “Jépic”. Pueblo dotado, al decir de Jacques, de una voluptuosidad asombrosa. ”

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