Chepiques es el nombre imaginario de ciertas criaturas (también imaginarias) muy parecidas a los humanos, excepto en su característica más sobresaliente: la ubicación de los ojos, nariz y boca en el pecho. Estos seres han sido descriptos, nombrados y representados por diversos referentes de Oriente y Occidente desde la antigüedad. En épocas de la conquista de América, no pocas crónicas demostraban la creencia de que estos acéfalos, entre otras razas monstruosas, habitaban las tierras del nuevo mundo. En parte explicación de lo inexplorado y lo desconocido, estos relatos buscaban también alimentar el temor a lo extranjero, a lo extraño y distinto, justificando la aniquilación y la matanza en los territorios conquistados.
El libro Los chepiques es una ficción ordenada en diez capítulos cuyo eje es el registro imaginario, a lo largo de la historia argentina, de la vida de estos seres en el territorio del Río de la Plata y alrededores.

Fragmento del capítulo I:

“En 1496 Enrique VII de Inglaterra envió dos expediciones a tierras desconocidas: la primera al mando de un capitán italiano que arribó a América del Norte; la segunda llegó a América del Sur, dirigida por un corsario escocés. Este último tenía en su poder informes confidenciales de una supuesta raza de gigantes que habitaba el nuevo mundo. Era su cometido principal ratificar la veracidad de esos escritos. El corsario se llamaba Renan Collingwood. Los resultados de su pesquisa jamás llegaron a ojos del rey.
Las notas de Collingwood hacían pensar en un informe compuesto para no defraudar las expectativas del demandante e incluso para justificar el dispendio. Sus descripciones rozaban la fantasía. Sin embargo había datos que coincidían con otras fuentes menos oscuras y reconciliaban la estampa de Renan con la figura del descubridor. Al referirse a los seres hallados en su exploración, usaba una expresión formada por las palabras “Chest” y “Speakers”, que significan “pecho” y “parlantes”. El corsario había dado nombre a seres que hablaban desde el pecho o con el pecho.
En las páginas de “Buch der Natur” (libro de la naturaleza) del alemán Horst von Lüge, se mencionaba a los “Schepiken”, individuos con los ojos a la altura del esternón, la nariz en el centro del tórax y la boca en la parte superior del estómago. El copista español Álvar Falaz de López y el clérigo portugués Pero Calúnia de Souza delineaban en sendas crónicas las particularidades físicas de seres semejantes a los que llamaban “Chepicos” y “Chepichi” respectivamente. En las cartas del comerciante Jacques Mensonge a su querida, famosas por presumir de su contenido erótico, se declaraban experiencias con las gentes del pueblo llamado “Jépic”. Pueblo dotado, al decir de Jacques, de una voluptuosidad asombrosa. ”

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