Esta serie manifiesta posibles soluciones de continuidad de los ciclos de transformación y renacimiento simbolizados en la figura del uroboro (tradicionalmente representado como una serpiente o un dragón que forman un círculo al devorar su propia cola). El desconcierto, la asimetría, la ausencia, la complejidad del sufrimiento, el tedio, la contradicción, la soledad, la voluntad, la objeción, destruyen los ideales de vida eterna. Los uroboros cometen, en estas visiones, el error o el acierto de fagocitarse a medias, en desorden, sin puntería y sin convicción. No acceden al olvido ni cumplen con los ciclos: sus conciencias intactas los excluyen de la inmortalidad. Sin embargo, son sus agitaciones constantes las que dejan huellas que persisten más allá de la existencia.

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